Por Jorge Carvajal
En las últimas décadas, la República Dominicana ha tenido el privilegio de recibir a
algunas de las figuras más importantes de la música internacional. Uno de los
momentos más memorables ocurrió en 1982, cuando Frank Sinatra protagonizó el
histórico Concert for the Americas en Altos de Chavón, acompañado por artistas de
la talla de Carlos Santana. Desde entonces, ese escenario y otros del país han
recibido a grandes nombres como Elton John, Sting y Julio Iglesias, este último con
una relación de décadas con la República Dominicana.
Ahora, con el regreso del Festival Presidente y el anuncio de artistas como Juan
Luis Guerra y Don Omar, me surge una pregunta que desde hace tiempo considero
inevitable: ¿por qué una de las bandas más legendarias de la historia del rock, Los
Rolling Stones, ¿nunca se ha presentado en la República Dominicana?
Admito cierta parcialidad, los Rolling Stones son mi banda favorita. Pero hay algo
particular en ellos que va mucho más allá de cualquier preferencia personal. Son
una de esas pocas bandas verdaderamente generacionales, capaces de reunir
entre sus admiradores a abuelos, padres, jóvenes e incluso niños que continúan
descubriendo hoy canciones grabadas hace más de medio siglo. Su música ha
conseguido algo cada vez más difícil, sobrevivir al paso del tiempo sin quedar
confinada a una sola generación.
En mi caso, esa relación comenzó mucho antes de que pudiera comprender la
dimensión histórica de la banda. Recuerdo que, cuando era niño y mi padre me
llevaba al colegio, escuchábamos con frecuencia Hot Rocks 1964–1971, la célebre
recopilación que contiene buena parte de los primeros grandes clásicos de los
Stones. Aquella fue probablemente mi primera experiencia consciente con el rock.
Canciones grabadas décadas antes de que yo naciera terminaron convirtiéndose en
la puerta de entrada a un género musical completamente nuevo para mí. Y
precisamente ahí reside parte de la extraordinaria vigencia de los Rolling Stones:
una generación puede transmitirlos a la siguiente.
Hablamos de una agrupación fundada en 1962 que, más de seis décadas después,
continúa siendo capaz de protagonizar conciertos multitudinarios. Mick Jagger tiene
83 años, Keith Richards cumplirá 83 en diciembre y Ronnie Wood tiene 79. La
muerte del baterista Charlie Watts en 2021 también nos recordó una realidad
inevitable: por extraordinaria que haya sido la longevidad de la banda, las
oportunidades de ver juntos sobre un escenario a sus miembros históricos no serán
eternas.
¿Podría el Festival Presidente ser la oportunidad? Quizás. Aunque tengo mis dudas
sobre si el formato tradicional de un festival sería el adecuado. Una presentación
relativamente corta difícilmente justificaría la compleja logística que requiere una
banda acostumbrada a ofrecer grandes espectáculos durante aproximadamente dos
horas. Tal vez la verdadera pregunta no sea si los Rolling Stones deberían tocar en
el Festival Presidente, sino si ha llegado el momento de organizar un concierto
exclusivamente para ellos en la República Dominicana.
Existe un precedente que hace difícil considerar esa idea imposible. El 25 de marzo
de 2016, los Rolling Stones ofrecieron un histórico concierto gratuito en la Ciudad
Deportiva de La Habana, Cuba, como cierre de su gira latinoamericana Olé Tour.
Cientos de miles de personas asistieron a un espectáculo de aproximadamente dos
horas en el que sonaron clásicos como Paint It Black, Gimme Shelter, Sympathy for
the Devil y (I Can’t Get No) Satisfaction.
Pero quizás lo más interesante para República Dominicana no sea solamente que el
concierto se celebrara en Cuba, sino todo lo que hubo que hacer para que pudiera
celebrarse.
El principal financiador fue Gregory Elias, abogado y empresario de Curazao, quien
respaldó el proyecto a través de su fundación filantrópica Fundashon Bon Intenshon.
El costo del espectáculo fue estimado entonces en alrededor de US$7 millones, y la
operación logística fue extraordinaria: para hacer posible el concierto se movilizaron
61 contenedores, un Boeing 747 de carga y aproximadamente 350 personas
vinculadas a la producción. Aquello no fue simplemente contratar una banda, montar
una tarima y vender entradas; fue trasladar prácticamente la infraestructura de un
gran espectáculo internacional hasta La Habana.
Ese precedente también obliga a reconocer los obstáculos que tendría una
presentación semejante en Santo Domingo. Más allá de conseguir el estadio y
financiar la contratación, habría que determinar si la infraestructura local puede
satisfacer las exigencias técnicas de una producción de los Rolling Stones. ¿Existe
actualmente un sistema eléctrico capaz de soportar de manera segura y estable la
enorme demanda de energía de sus equipos de sonido, iluminación, pantallas y
demás componentes del espectáculo? De no ser así, probablemente habría que
instalar sistemas temporales de generación eléctrica, redundancia y respaldo
especialmente diseñados para el concierto. A ello habría que sumar transporte de
carga, montaje, seguridad, accesos, camerinos, personal técnico y posiblemente la
importación temporal de buena parte de los equipos.
Pero precisamente el caso cubano demuestra que las limitaciones de infraestructura
no necesariamente hacen imposible un concierto de esta magnitud, simplemente
obligan a resolverlas. Si en 2016 fue necesario transportar decenas de
contenedores y hasta utilizar un avión de carga para llevar la producción a La
Habana, resulta difícil sostener que Santo Domingo, diez años después, no podría.
encontrar soluciones técnicas similares con suficiente planificación, inversión
privada y patrocinio.
Y ahí surge la pregunta central: si fue posible realizar un espectáculo de semejante
magnitud en Cuba hace diez años, ¿por qué no podría hacerse hoy en la República
Dominicana?
Nuestro país cuenta actualmente con una economía, infraestructura turística y
conectividad aérea muy superiores a las de décadas anteriores. A ello se suma la
renovación del Estadio Olímpico Félix Sánchez con motivo de los Juegos
Centroamericanos y del Caribe Santo Domingo 2026, lo que vuelve todavía más
interesante pensar en el potencial de este recinto para espectáculos internacionales
de gran escala.
Además, un concierto de los Rolling Stones no tendría que pensarse
exclusivamente para el público dominicano. Una fecha única en el Caribe podría
convertirse en un acontecimiento regional, capaz de atraer fanáticos desde Puerto
Rico, Estados Unidos, América Latina e incluso Europa. Sería música, por supuesto,
pero también turismo: vuelos, ocupación hotelera, restaurantes, transporte y, sobre
todo, una enorme exposición internacional para Santo Domingo.
Y si un empresario caribeño pudo respaldar financieramente un concierto gratuito de
los Stones en Cuba, tampoco parece absurdo imaginar un modelo dominicano
sustentado por patrocinadores privados, promotores internacionales y venta de
entradas. El regreso del Festival Presidente demuestra precisamente la capacidad
que tienen las grandes marcas de asociarse con la industria del entretenimiento
para producir acontecimientos que trascienden lo estrictamente musical.
República Dominicana ya demostró que puede recibir leyendas. Sinatra estuvo aquí.
Santana estuvo aquí. Elton John estuvo aquí. Sting estuvo aquí. Julio Iglesias
convirtió al país prácticamente en un segundo hogar. Entonces, ¿por qué no aspirar
a recibir también a los Rolling Stones?
Quizás el Festival Presidente no sea finalmente el escenario definitivo. Incluso
podría argumentarse que una banda de semejante dimensión merece algo distinto:
una noche exclusivamente para ella, ya sea en el Estadio Olímpico Félix Sánchez o,
por qué no, nuevamente en el escenario histórico de Altos de Chavón.
Pero el regreso del festival sirve, al menos, para plantearnos seriamente la
posibilidad.
Los Rolling Stones llevan más de 60 años desafiando al tiempo. Mi generación pudo
descubrirlos gracias a los discos que escuchaban nuestros padres; otra los vio
nacer y otras nuevas continúan encontrándolos hoy en plataformas digitales. Pocas
bandas pueden decir lo mismo.
Sin embargo, esa oportunidad no será eterna. Antes de que llegue el momento en
que ver a los Rolling Stones sobre un escenario sea solamente parte de la historia
del rock, sería extraordinario que la República Dominicana pudiera escribir también
una pequeña página de esa historia.
¿Los Rolling Stones en Santo Domingo? ¿Por qué no?

