Por: Andrea Felip
Para mí, el diseño es una herramienta para mejorar la vida de las personas. Es una forma de intervenir en lo cotidiano: en cómo nos movemos, cómo trabajamos, cómo habitamos. Diseñamos según lo que valoramos, según cómo entendemos el mundo. Y eso, inevitablemente, moldea nuestra forma de vivir.
Con esa convicción nació SHIFT, mi Trabajo de Fin de Grado. Un proyecto que parte de una problemática silenciosa, pero urgente: el sedentarismo. Como una cuestión de salud, y como reflejo de una cultura que prioriza la productividad sobre el bienestar, y que ha hecho del cuerpo algo secundario en la vida laboral.
SHIFT es una respuesta desde el diseño. Un intento por replantear cómo, dónde y bajo qué condiciones trabajamos. Pero sobre todo, una propuesta para activar el cuerpo, revalorizar el espacio público y reconectar con lo esencial. Es una respuesta directa a esa realidad. Lo desarrollé como parte de mi Trabajo de Fin de Grado, con la intención de cuestionar cómo entendemos la oficina, y proponer otra forma de trabajar: una que integre el movimiento, el aire libre y el contacto con el entorno como parte de nuestra jornada laboral.
A nivel individual, el problema más urgente es la dificultad que enfrentan los trabajadores, especialmente entre los 21 y 59 años, para integrar el movimiento físico dentro de su jornada laboral. Las largas horas frente a pantallas, el aislamiento del teletrabajo y la cultura de la hiperproductividad han normalizado la inmovilidad, afectando la salud física y mental de millones de personas.
Aunque la tecnología nos ha dado flexibilidad, también ha reforzado hábitos sedentarios. En lugar de levantarnos, todo está a un clic; en lugar de movernos, todo se ajusta para evitarlo. El espacio laboral, tal como está diseñado hoy, rara vez promueve pausas activas o entornos que estimulen el cuerpo. En oficinas tradicionales o en casa, el entorno se adapta al cuerpo para que este no se mueva, cuando debería ser al revés.
Esta desconexión entre el cuerpo y el espacio es el verdadero obstáculo: nos impide movernos y nos hace olvidar por qué el movimiento es esencial.


La primera versión del proyecto se sitúa en Boston, en una zona del centro donde, tras la pandemia, Un informe escrito por la alcaldesa Michelle Wu destaca que en Downtown Boston, donde se encuentra el distrito financiero y cultural, el tráfico peatonal ha disminuido en un 55% desde 2019, y las oficinas apenas alcanzan un 30% de ocupación. SHIFT plantea transformar ese vacío en posibilidad. No se trata de poner escritorios en un parque, sino de hacer del parque la nueva oficina: una topografía activa, con recorridos que invitan a caminar, estaciones de trabajo que obligan a cambiar de postura, y espacios que interrumpen la pasividad.
Aquí, la incomodidad se convierte en recurso. Y el diseño, en una herramienta para despertar el cuerpo y repensar la rutina.

Con el teletrabajo cada vez más accesible, el diseño de las oficinas del futuro debe adaptarse a esta nueva realidad, combinando flexibilidad y colaboración, mientras se prioriza la salud integral. El auge del “work from home” y la automatización han incrementado los niveles de sedentarismo. El 14% de los empleados que trabajan desde casa experimentan altos niveles de estrés por aislamiento. Mi propuesta aumenta la productividad al reducir el sedentarismo en las oficinas que consume más del 50% del día de los empleados. Un trabajador más activo y saludable es más concentrado, motivado y eficiente, lo que se traduce en menos ausentismo, mayor rendimiento y, en consecuencia, en mayores beneficios para las empresas.
Al terminar el proyecto, no dejaba de pensar en su potencial más allá de Boston. Pensaba en mi país. En la República Dominicana. Pensaba en nuestras oficinas cerradas, en el tiempo que pasamos en tapones, en el cansancio físico que se acumula sin que nadie lo note. Aquí también hemos normalizado jornadas que inmovilizan. Aquí también necesitamos opciones.
Cuando pienso en SHIFT en el contexto dominicano, pienso en espacios urbanos que ya existen, pero que aún no han sido diseñados para el bienestar. Aceras que no invitan a caminar, plazas públicas o parques que podrían ser algo más que zonas de paso.
Este proyecto es un modelo como este podría adaptarse perfectamente a nuestras ciudades. No necesitamos replicar la misma estructura de Boston. Lo que necesitamos es reconocer el potencial de nuestros espacios verdes. Incorporar recorridos peatonales, superficies dinámicas, zonas de reunión al aire libre y estaciones de trabajo que incentiven el movimiento no requiere una gran intervención, sino una nueva forma de pensar el espacio público.
Si logramos integrar esta mentalidad estaríamos creando un nuevo tipo de oficina, una nueva cultura urbana que prioriza la salud, el encuentro y la funcionalidad real del espacio.
SHIFT nace como un proyecto piloto en el corazón de Boston, pero responde a un problema global que afecta a millones de personas en todo el mundo. Su ambición no se limita a un único lugar, sino que busca servir de modelo replicable para transformar la relación entre cuerpo, ciudad y trabajo en múltiples contextos.
En el 2030, la actividad física y el trabajo coexistirán de forma natural, y la movilidad no es solo una necesidad, sino un beneficio. La cultura del movimiento durante las horas en la oficina ha dejado de ser un esfuerzo extra y se ha integrado en la vida cotidiana. En esta nueva realidad, las ciudades evolucionarán para ofrecer lugares donde moverse, trabajar y vivir en equilibrio.
Y con esto te invito a pensar:
¿No sería más eficiente optimizar el desempeño de los empleados asegurando primero su bienestar y salud mediante el movimiento?

