El golf europeo volvió a escribir otra página épica en el corazón de Estados Unidos. En Bethpage Black, un escenario diseñado para incomodar, los de Luke Donald soportaron la embestida final de un público encendido y de un equipo estadounidense que soñó con la remontada imposible. Al final, la Ryder Cup quedó en manos de Europa con un 15-13 que se celebró como si fuera el primer triunfo en la historia.
El adiós con gloria
El guion parecía definido el sábado: una ventaja de siete puntos que sonaba a sentencia. Pero en la Ryder Cup nada se da por hecho. El domingo Estados Unidos se lanzó al ataque y empezó a recortar diferencias en un ambiente eléctrico. Todo se alargó hasta el último green, donde Shane Lowry se jugó un putt de 1,83m con el mundo entero mirando. La bola entró, el irlandés levantó los brazos y Europa volvió a festejar en tierra hostil por primera vez desde el “Milagro de Medinah” en 2012.
Capitán histórico
Luke Donald se consolidó como el estratega de una generación. Ya había ganado en Roma en 2023 y ahora repite como visitante, algo que solo habían conseguido figuras legendarias como Tony Jacklin. Sus decisiones en las parejas fueron oro puro: Europa volvió a demostrar que en foursomes y fourballs está varios cuerpos por delante. La ventaja construida en esos formatos fue la que permitió resistir la tormenta estadounidense del domingo.
Duelo de gigantes
Entre los momentos inolvidables quedó el choque entre Rory McIlroy y Scottie Scheffler, los dos mejores del mundo, cara a cara en un partido que nunca se abrió más allá de un hoyo de diferencia. Scheffler se llevó la victoria mínima, evitando un cierre para el olvido, mientras McIlroy se convirtió en el europeo con más triunfos en la historia de la Ryder Cup junto a Sergio García.

Héroes y cicatrices
Justin Thomas mantuvo su leyenda en los duelos individuales: derrotó a Tommy Fleetwood en el último hoyo y ya suma cuatro victorias en cuatro partidos de singles, una marca que solo comparte con Sam Snead. Cameron Young, el novato neoyorquino, fue el alma de los locales con tres puntos en su cuenta. Y Bryson DeChambeau, que llegó a estar cinco abajo contra Fitzpatrick, firmó una remontada heroica para arañar medio punto. Pero al final, todo ese esfuerzo quedó corto: la losa de los foursomes —seis Ryder Cups seguidas cayendo en ese formato— sigue siendo la herida abierta del golf estadounidense.
El putt que lo cambió todo
Lowry lo dijo antes de salir al 18: “Tengo la oportunidad de hacer la cosa más increíble de mi vida”. Y así fue. Convirtió su birdie, explotó de emoción y dio inicio a la fiesta europea. A su lado, Rahm, Hatton y el resto de la escuadra celebraban el triunfo número ocho de Europa en las últimas once ediciones.
Lo que viene
El próximo capítulo será en Adare Manor, Irlanda, en 2027. Será la primera Ryder Cup allí, cien años después de que este duelo naciera. Y aunque Estados Unidos volverá a hablar de revancha, hoy el trofeo viaja de regreso a Europa, donde seguirá brillando azul hasta entonces.

